martes, 19 de septiembre de 2017
OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE
Naturalmente, que comparto con lo que dicen las Sagradas Escrituras en cuanto a este delicado tema. Si en tiempos de los profetas, el mismo Dios de salvación ordenó a los levitas crear leyes inquebrantables como la pena de muerte para el que mata, la cual debía ser cumplida al instante. Asimismo, el que robaba debía resarcir lo robado multiplicando por varias veces. De ahí se derivan las demás leyes, como para el que viola le sea amputado el miembro o cortada la mano del ladrón.
Qué tiempos aquellos, donde imperaba un orden nada fácil de menospreciarlo: había que ser correcto para vivir sin problemas en una sociedad que nada tenía que ver con las sociedades sucesivas. Claro que cuando vino Jesús y llevaron ante Él una mujer sorprendida en adulterio, le dijeron: "Moisés ordenó apedrear a quien sea sorprendido en este mal de cuernos". ¿Qué dijo el Maestro mientras escribía en tierra? Se irguió y contestó: "El que se halle sin culpa arroje la primera piedra a la mujer". Y siguió escribiendo en tierra. Luego se irguió de nuevo y preguntó a la mujer: "¿Dónde están los que te acusaban?" Todos se han ido, repuso la mujer, agradecida.
El caso es que si hubiera la pena de muerte se darían menos crímenes en el mundo, ya que el que quisiera matar tendría que pensarlo varias veces y no sería fácil de que quite la vida a su prójimo. Una pena de muerte bien ejecutada, que existan pruebas suficientes en contra del victimario, evitaría los problemas de conciencia o motivos de venganza por parte de terceros. Así que ojo por ojo y diente por diente.
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